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El Salvador, es uno de los países que ha tomado medidas profundas desde el principio. Según un sondeo de la encuestadora mexicana Mitofsky, realizado en 11 países de Latinoamérica, el presidente Nayib Bukele, quien además de aplicar una cuarentena total anunció un ambicioso plan para sostener la economía, es el mandatario mejor evaluado por su gestión frente al coronavirus, con un 97 % de aprobación.
En segundo lugar le sigue Alejandro Giammatei, presidente de Guatemala, cuyas disposiciones han sido también radicales. Hasta el 31 de marzo, el país sumaba 39 casos en total y un fallecido.
En Argentina, la “grieta” entre peronistas y antiperonistas parece haber cedido significativamente con la problemática sanitaria. Como nunca antes, funcionarios de espacios políticos duramente enfrentados se muestran alineados en el combate sanitario. En ese marco, la figura de Alberto Fernández, quien ha aplicado medidas drásticas para enfrentar al coronavirus, tanto en el plano de la salud como en lo social y económico, se afianza a buen ritmo, a pesar de haber registrado 1.133 casos y 31 decesos.
El nivel de aceptación de su gestión frente a la pandemia es de 88 %, según Mitofsky, aunque para la consultora local Analogías, este número es mayor: el 94,7 % de la sociedad dijo estar “de acuerdo” o “muy de acuerdo” con lo hecho hasta el momento. Y su imagen positiva trepó al 93,8 %.
Distinta es la situación de Lenín Moreno en Ecuador. Después de atravesar meses turbulentos a finales de 2019, con numerosas protestas en las calles, el Gobierno se ha visto desbordado ante la cantidad de casos de coronavirus, y en especial, de muertos.
En Guayaquil, la ciudad más afectada por la pandemia, se han visto cadáveres en las calles ante el colapso del sistema sanitario y de servicios fúnebres. Cientos de familiares de personas fallecidas han denunciado que llegaron a tener cuerpos en descomposición hasta cuatro días dentro de sus domicilios.
A pesar de que se han cerrado las fronteras y rige un aislamiento obligatorio, solo un 14 % de los ecuatorianos aprueba la gestión de Moreno, según el estudio realizado por Mitofsky. Es el mandatario peor evaluado de la región, y tiene el mayor número de fallecidos después de Brasil.
“Hubo distintas velocidades de reacción. Hubo gobiernos como el de Argentina, que no esperaron la presión social o política, sino que tomaron el tema de salud con seriedad desde el principio; y hubo otros que intentaron postergar la implementación de medidas para que el impacto económico sea el menor posible”, explica a RT Bruno Dalponte, analista internacional e investigador en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
“Ningún presidente ha inventado la pólvora ni descubierto algo brillante en sus planes. Lo que han logrado aquellos que aparecen con mejor aprobación es darse cuenta rápido de cuál es el potencial impacto del virus, y reaccionar temprano. Luego están las estratégicas de comunicación y las políticas específicas. Es fundamental comunicar con cierta calma, y no tomar medidas a las corridas, cuando ya todo está fuera de control”, dice el entrevistado.
Pero, para Dalponte, más allá de los tiempos, en la evaluación de la gestión actual también juega, a favor o en contra, el nivel de desprestigio previo que cada mandatario tenía antes de la crisis del coronavirus.
Basta observar el caso de Sebastián Piñera en Chile (19 % de aprobación y más de 3.400 contagios), o Iván Duque en Colombia (46 % y 1.065 infectados), dos presidentes que tuvieron que lidiar con el descontento social desde fines del año pasado, sobre todo Piñera. “Por una cuestión de matriz de pensamiento neoliberal, o por pensar en el bienestar del país como si fuera equivalente al bienestar de las empresas o la economía, ambos retrasaron lo más posible acciones que sin dudas enfrían la actividad. Pero, finalmente, con el aumento de casos, advirtieron el costo político y decidieron tomar otras decisiones”, señala el especialista.
“En el caso de Lenín Moreno, además de esa imagen negativa previa, hay un sistema de salud pública sumamente deficiente o subfinanciado, a lo que se suma la situación crítica de Guayaquil, con imágenes muy impactantes para la opinión pública sobre lo que ocurre con las personas fallecidas que quedan en la calle”, agrega.
En México, Andrés Manuel López Obrador, con 48 % de aprobación según la encuesta de Mitofsky, pareció al principio subestimar la situación, llegando a recomendarle a los mexicanos que salieran “a comer”. El país ya superó los 1.378 casos positivos y las 37 muertes. “Creo que AMLO trató de minimizar la cuestión por temor a un desmadre de la población en situación de informalidad laboral, que es de alrededor del 60 %. De todas maneras, me pareció muy mal manejado desde el punto de vista de la comunicación, y un acto de irresponsabilidad enorme“, analiza Dalponte.
Según el licenciado en Relaciones Internacionales, el caso de Brasil debe observarse con un foco distinto al resto. Para Dalponte, al igual que Donald Trump, otro ‘outsider’ de la política, Bolsonaro tiene una característica especial que hace que responda menos a ese mundo. “Por su arrogancia, su soberbia, no suele seguir las recomendaciones de otros funcionarios que quizás cuentan con otra trayectoria, no solo en la toma de decisiones sino también en su forma de comunicar”.
Esa actitud repercute en sus votantes, pero también en los circuitos del poder. “A Bolsonaro no solamente se le dieron vuelta los gobernadores, que no siguen sus lineamientos, sino también parte de su Gabinete, y los presidentes de las dos cámaras legislativas, que ya se expresaron en contra. Hoy, el presidente de Brasil corre real peligro ante la posibilidad de un juicio político si en las próximas semanas, tal como se prevé, se complica aún más la situación”.











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